Durante una histórica visita a la basílica de la Sagrada Familia, el Papa presidió una misa multitudinaria, bendijo la nueva Torre de Jesucristo y llamó a los creyentes a comprometerse con la paz, la solidaridad y la defensa de quienes sufren.
La ciudad de Barcelona vivió una jornada histórica con la presencia del papa León XIV en la basílica de la Sagrada Familia, donde encabezó una celebración religiosa marcada por fuertes mensajes sobre la paz, la fraternidad y la responsabilidad de los cristianos frente a los conflictos que atraviesa el mundo.
En el marco del centenario del fallecimiento del arquitecto Antoni Gaudí, creador de la emblemática obra, el pontífice presidió una misa solemne ante miles de fieles y autoridades, entre ellas los reyes de España, Felipe VI y Letizia. La visita tuvo además un significado especial porque incluyó la bendición e inauguración de la Torre de Jesucristo, que con sus 172,5 metros convirtió al templo en la iglesia más alta del mundo.
Durante su homilía, León XIV expresó que la fe cristiana es incompatible con la violencia y la guerra. Sin mencionar directamente a ningún gobierno, sostuvo que quienes siguen el mensaje de Jesús no pueden justificar la muerte de inocentes ni permanecer indiferentes ante el dolor humano. También instó a no abandonar a quienes padecen pobreza, sufrimiento o se ven obligados a migrar en busca de mejores condiciones de vida.
Las declaraciones del pontífice se producen en un contexto internacional atravesado por diversos conflictos armados y mantienen la línea que viene sosteniendo desde el inicio de su pontificado, en sintonía con el legado de su antecesor, el papa Francisco. En las últimas semanas, León XIV también había cuestionado el uso de la denominada teoría de la “guerra justa”, al considerar que suele utilizarse para legitimar enfrentamientos bélicos más allá de los límites estrictos de la legítima defensa.
Sus expresiones generaron cruces con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien en distintas oportunidades criticó públicamente la postura del jefe de la Iglesia Católica en materia internacional. Frente a esas observaciones, León XIV respondió que la misión de la Iglesia consiste en anunciar el Evangelio y promover la paz entre los pueblos.
Durante la ceremonia, el Papa dedicó además palabras especiales a la Sagrada Familia, a la que definió como un símbolo de encuentro, unidad y concordia. Destacó que el templo representa la capacidad de una comunidad para construir un proyecto común inspirado en los valores cristianos y señaló que la obra de Gaudí continúa transmitiendo un mensaje espiritual vigente para las nuevas generaciones.
El pontífice afirmó que la basílica es mucho más que una construcción arquitectónica y que su permanente desarrollo refleja el camino de la vida cristiana, entendido como una obra que se construye día a día. En ese sentido, remarcó que los creyentes son las “piedras vivas” de una comunidad edificada sobre Cristo.
La inauguración de la Torre de Jesucristo marcó uno de los momentos más emotivos de la visita papal y consolidó a la Sagrada Familia como uno de los principales símbolos religiosos y culturales del mundo, coincidiendo con los cien años de la muerte de Gaudí, cuya obra continúa siendo uno de los mayores emblemas de Barcelona y de España.

