Por qué la ropa en Argentina sigue siendo tan cara

Por qué la ropa en Argentina sigue siendo tan cara

La combinación de impuestos, costos financieros, alquileres y logística explica más de la mitad del precio final de una prenda, mientras las importaciones abaratan la competencia internacional y la industria advierte sobre la necesidad de medidas para mejorar la competitividad.

El debate sobre el precio de la ropa volvió a ocupar un lugar central en la agenda pública, en medio de comparaciones con valores internacionales que evidencian una brecha significativa. Según la industria textil, factores como impuestos nacionales, provinciales y municipales, costos financieros, alquileres, logística y marketing representan gran parte del valor de cada prenda. Datos de ProTejer indican que alrededor del 50% del precio se destina a impuestos, 30% a alquileres y financiamiento, y apenas 8% corresponde a la fabricación, mientras que la logística y otros gastos suman un 12%.

La Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria coincide en que el peso tributario y financiero limita la competitividad: entre IVA, Impuesto al Cheque, aranceles de tarjeta, financiamiento y alquileres, la carga puede superar el 50% del precio final. Esto contrasta con los países asiáticos, donde los impuestos son mínimos y los subsidios y bajos costos de producción permiten prendas mucho más económicas.

El crecimiento de las importaciones en 2025 —71% en cantidades y 52% en valores— refleja esta situación, con ropa que llega a precios históricamente bajos, aumentando la presión sobre la industria local. Las diferencias se observan en la comparación de precios: un jean argentino cuesta 50% más que en Estados Unidos y 34,6% más que en España; las remeras y camisas muestran aumentos similares, que no se explican por salarios o rentabilidad, sino por la estructura de costos y la competitividad.

Aunque el Gobierno promovió algunas medidas para reducir impuestos y mejorar la previsibilidad de costos, los industriales señalan que los beneficios aún no llegan a toda la cadena. Expertos y empresarios coinciden en que para lograr una baja real y sostenida de precios se necesita reducir la carga tributaria, los costos financieros y de alquileres, y establecer reglas de competencia más equitativas frente a las importaciones.

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