Las autoridades rusas suspendieron temporalmente las operaciones en los cuatro aeropuertos que sirven a Moscú luego de interceptar cerca de 60 drones durante la madrugada. El episodio se produce en medio de una escalada de ataques que también afecta el suministro energético y de combustibles en Crimea.
La tensión entre Rusia y Ucrania volvió a trasladarse al espacio aéreo ruso durante las primeras horas del lunes, cuando los sistemas de defensa interceptaron decenas de drones que se dirigían hacia Moscú. Como medida preventiva, las autoridades ordenaron la suspensión temporal de las operaciones en los principales aeropuertos de la capital.
El alcalde de Moscú, Sergei Sobianin, informó que cerca de 60 aeronaves no tripuladas fueron derribadas antes de alcanzar sus objetivos. Tras las intercepciones, equipos de emergencia fueron desplegados en distintos puntos para evaluar posibles daños y garantizar la seguridad de la población.
La restricción aérea afectó a los aeropuertos de Sheremetyevo, Domodedovo, Vnukovo y Zhukovskiy. Las terminales dejaron de operar durante varias horas antes de retomar gradualmente la actividad una vez controlada la situación.
Aunque las autoridades rusas no identificaron oficialmente el origen de los drones, el ataque se produjo en un contexto de creciente intercambio de ofensivas entre Moscú y Kiev. Ucrania ha recurrido en numerosas ocasiones a este tipo de operaciones como respuesta a los bombardeos rusos sobre su territorio.
El episodio ocurre pocos días después de otro ataque dirigido contra la única refinería de petróleo de Moscú. En aquella ocasión, las defensas aéreas rusas reportaron la destrucción de casi 200 drones, en uno de los operativos más extensos registrados sobre la capital desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania en 2022.
La situación también impacta en Crimea, territorio anexado por Rusia en 2014. En Sebastopol, las autoridades resolvieron suspender todos los eventos públicos al aire libre y mantener apagado parte del alumbrado urbano con el objetivo de reducir el consumo eléctrico.
Además, el gobierno local restringió la venta de combustibles tanto a particulares como a empresas. El abastecimiento quedó reservado para organismos estatales y sectores vinculados a servicios esenciales y seguridad, debido a las dificultades generadas por los ataques contra infraestructuras energéticas y rutas de suministro.
La sucesión de incidentes refleja el creciente alcance de la guerra más allá de las líneas de combate tradicionales y evidencia el desafío que enfrenta Rusia para proteger instalaciones estratégicas y centros urbanos alejados del frente principal.
Fuente: DW

