Un ranking nacional impulsado por Visiting Argentina posicionó a la empanada tucumana en el primer lugar entre las más deliciosas del país. El resultado celebra una receta que combina tradición, historia y sabor, y que traspasa fronteras como emblema cultural de Tucumán.
Con su característico repulgue, masa fina y relleno jugoso elaborado con matambre cortado a cuchillo, cebolla blanca y de verdeo, huevo duro y condimentos justos, la empanada tucumana fue elegida como la mejor de Argentina en una encuesta organizada por el sitio especializado Visiting Argentina, que reunió miles de votos de todo el país. Esta preparación tradicional del norte se ubicó por encima de la versión salteña —reconocida por su pimentón y comino— y de la santiagueña, que suele incluir aceitunas, pasas y huevo, cocida en horno de barro.
Pero más allá del gusto, esta consagración representa una validación del profundo vínculo cultural que Tucumán mantiene con su plato típico. La historia de la empanada se remonta a la Edad Media, cuando los árabes introdujeron en la península ibérica una preparación similar —las sfijas o fatay— que luego derivó en la empanada gallega, y que con la conquista española cruzó el océano para ser adaptada por cada región de América. En Tucumán, adquirió un carácter distintivo que la llevó a convertirse en ícono provincial: no solo por su sabor, sino por su rol en la vida cotidiana, en la economía familiar y en la expresión popular.
Desde 1979, la provincia celebra en Famaillá la Fiesta Nacional de la Empanada, un evento que convoca a miles de visitantes y consagra cada año a las mejores cocineras del país. Cristina Rojas Lazarte, campeona nacional en 2008, es una de sus máximas referentes. “Aprendí de chica viendo a mi madre, que vendía empanadas en casa. En Famaillá es parte de la cultura, una forma de vida para muchas familias”, cuenta Cristina. Hoy vive en Buenos Aires, donde representa a Tucumán con orgullo: “Cuando los turistas las prueban por primera vez, se emocionan. Me dicen que son las más ricas y me piden otra. Esa reacción me llena el alma”.
Su tarea no se limita a vender: también enseña a cocinarlas y difunde esta receta en talleres y eventos. “Cuando muestro cómo se hacen, siento que no estoy sola: detrás mío hay muchos tucumanos que viven de esto”, asegura. Su trabajo y el de muchas otras cocineras permitió que esta comida trascienda fronteras. Actualmente, las empanadas tucumanas se ofrecen en ferias, locales y encuentros gastronómicos dentro y fuera del país, y desde hace algunos años incluso se celebra el 8 de abril como el Día Internacional de la Empanada.
Para quienes deseen prepararla en casa, la receta tradicional incluye 1 kilo de matambre hervido y picado, 200 gramos de cebolla blanca, 100 de cebolla de verdeo, 6 huevos duros, pimentón, comino, grasa vacuna, sal a gusto y caldo de cocción. La masa se elabora con harina, grasa y ese mismo caldo. Cada empanada se cierra con 13 repulgues y se cocina preferentemente en horno de barro.
Este nuevo reconocimiento no hace más que confirmar lo que generaciones de tucumanos ya sabían: que la empanada no es solo un plato típico, sino un símbolo vivo de identidad, una fuente de trabajo y una herencia cultural que sigue creciendo, cruzando fronteras y conquistando paladares en todo el mundo.


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